jueves, 28 de marzo de 2013

La oposición en Venezuela (y II)

Para nadie es un secreto que vivimos en medio de la zozobra; en medio de una lucha constante por el poder. Ayer con un líder que copaba toda la escena política; hoy con dos visiones de país que se enfrentan en las calles y en muy pocos días en las urnas electorales. Estamos hablando de anhelos, de venganzas, de odios, de sueños, de aspiraciones, de retaliaciones, de pasiones, de rivalidades; en fin, de todo un cóctel que pudiera desbordarse si es que cada uno de los actores políticos no entienden la realidad política, social y económica que estamos afrontando como país.
Desde el punto de vista de la oposición ¿dónde están los líderes, los partidos, los ideales que de verdad nos hagan pensar en una fuerza que permita cimentar el actual sistema democrático? La interrogante viene a colación porque si bien es cierto que afrontamos un proceso electoral con muy poco tiempo de preparación, también es innegable que seremos testigos de la repetición histórica en la cual no contamos con las condiciones necesarias para afrontar las diversas y gravísimas problemáticas que se asoman en nuestra sociedad.
Es necesario en este corto tiempo -sea favorable o no el resultado electoral- de fijar un rumbo cohesionado que le otorgue ascendencia y autoridad al actual movimiento opositor. Y eso debe salir desde todos los ámbitos en los cuales exista esa presencia (Asamblea Nacional, líderes políticos, partidos, etc.) para crear la conexión necesaria que impulse el entendimiento de todos los factores políticos y democráticos de Venezuela.
El país está lleno de politiqueros de calle -tanto en el gobierno como en la oposición- que están más pendientes de sus caprichos o sueños políticos que de afrontar de una manera digna, gerencial y eficaz el reto que se nos presenta por delante. Es allí, donde LA VERDADERA OPOSICIÓN debe estar vigilante y ACTIVA ante el terror psicológico que se implanta día a día y al posible derrumbamiento de un sistema para entronizar a otro.
Para bien o para mal, soplan vientos de cambio en Venezuela. Es necesario que se instaure un verdadero ideal de igualdad y justicia en cada uno de los sectores de nuestra sociedad. Urge que la oposición vea hacia sus adentros y logre expresar de una vez por todas, el ideal y las acciones que marcarán su futuro político en el país. Es hora de evitar caer en el error cíclico de presentar un “proyecto” únicamente en tiempos de elecciones; es hora de dejar a un lado las demagogias para llegar a un sector de la sociedad que le ha sido esquivo por mucho tiempo; es hora de convencernos que los personalismos siempre han sido el llamado al entierro de la República en innumerables ocasiones.
En fin, los “líderes de oposición” deben entender que la mayoría de nuestra sociedad está en la búsqueda no de un mesías, sino de un movimiento verdaderamente atado al futuro del país, donde las aspiraciones de igualdad y justicia estén íntimamente ligadas al desarrollo de nuestra sociedad y no a una agrupación o partido político. Eso a la larga es uno de los principios básicos de la verdadera democracia.

sábado, 23 de marzo de 2013

La oposición en Venezuela (I)

La actual realidad venezolana se nos presenta como una constante ruleta que está llena de expectativas y fluctuaciones socio-políticas. Desde hace mucho tiempo vivimos en una completa inestabilidad basada en los temores y las ansias -desde la óptica de adeptos al gobierno y de los opositores-. Partiendo de esa premisa, no pretendo hacer un análisis político o histórico de lo que atraviesa nuestra sociedad; sino que por el contrario, busco reflejar el papel de la oposición en los actuales momentos.
La oposición venezolana ha sido testigo de sucesivas derrotas y desigualdades ante los retos que se han planteado frente al oficialismo. Trayendo tras de sí todo un cúmulo de pesimismo, apatía y desmovilización que se ha visto en la pérdida de algunos espacios que se habían ganado con anterioridad. La inercia es total y lamentablemente, muchos han optado por darle la espalda a la actual situación del país y permitir que el gobierno gane terreno en áreas vitales del país.
En política, los espacios no se deben dejar perder. Por el contrario, hay que ganarlos y mantenerlos. En eso,  particularmente, me quito el sombrero ante los afectos al oficialismo, ya que nunca pierden sus esperanzas y luchan en pro de la obtención de objetivos que para ellos son claves -a pesar de que en lo personal no los comparta -. En eso, la oposición debe rectificar ya que se está llegando a una situación que en años anteriores se le reprochaba al oficialismo: el mesianismo.
Los personajes públicos de la oposición -que por cierto son muy pocos- representan actualmente una ilusión más que una realidad. Perdieron su papel de conductores para representar uno lleno de entusiasmo pero sin esa palabra que tanto se pregona: unidad. Siguen teniendo un discurso para una parte de la sociedad que ya está ganado, pero dejan por fuera a otra parte de la población que está a la espera de un verdadero cambio que le garantice estabilidad y desarrollo.
Todo ello ha traído como consecuencia una especie de fatalismo ante lo que se nos avecina o lo que puede pasar después del próximo proceso electoral. Hay una especie de resignación a simplemente esperar lo que nos presente el destino; cuando la lógica es que exista un verdadero cambio en cada uno de nosotros, el cual nos permita ver el poder que realmente tenemos para cambiar las cosas. Lo anterior sucede, mientras que son muy pocas las voces que realmente intentan romper esa realidad y luchan por arrancar la sombra de la apatía que cubre a muchos venezolanos.
Desde la época de Juan Vicente Gómez -y posiblemente mucho antes-, se pudiera decir que Venezuela ha visto sus principios y valores subordinados al Presidente o partido dominante del momento. Es decir, la realidad de la oposición -al igual que la de los gobiernos de turno- data de mucho tiempo atrás, obteniendo sociedades que se mantienen en el desorden; conceptos y nociones políticas que se desvirtúan de acuerdo a la conveniencia de cada quien; ambiciones exageradas de todo aquel que llega a las riendas del poder; en fin, un caos y confusión que ha reinado y sigue reinando en la actualidad.
Ante esto, cabe preguntarse ¿qué representa realmente la oposición venezolana? Para quien escribe, es una masa bien conformada pero inerte y carente de identidad propia. Su orientación va encaminada de acuerdo a las acciones de turno que lleve a cabo el gobierno y/o a las palabras que pronuncie el actual “líder” opositor. Pero esa masa, ese conglomerado, tanto en lo interno como en lo externo, es un laberinto  de intereses personales y políticos que dejan a un lado sus ideologías y convicciones con tal de “pescar en río revuelto”.
En política, la unidad siempre es bienvenida y más aún ante gobiernos de cualquier índole que intenten perpetuarse en el poder. El problema con esa mal llamada unidad opositora es que no logra amalgamar lo bueno y lo malo, lo excelente y lo incompetente de cada uno de los actores presentes. Porque a la larga no se trata de tomar únicamente lo bueno; por el contrario, hay que tener presente lo malo para obtener un verdadero proyecto. De esa manera, se presentará una versión opositora que no sea únicamente un arcoíris de sueños e ilusiones, sino la piedra de la realidad de un auténtico proyecto unificador.

lunes, 18 de marzo de 2013

Hacia una reconstrucción moral

Para nadie es un secreto que la actual situación política del país, es el resultado de una larga lista de errores que se han cometido hasta la presente fecha. Por tal motivo, si permitimos que esas faltas continúen, el estado de Venezuela seguirá empeorando al extremo que toda la población se vea envuelta en defectos morales, políticos y sociales de difícil solución.
En éste mundo tan globalizado, aún existimos personas que tenemos la creencia -aunque suene utópico- de que la sociedad venezolana para transformarse en una verdadera Nación y mantenerse en el tiempo como tal, debe encaminarse en acciones de innovación moral y educativa; donde la familia y la educación de calidad sean factores fundamentales en la lucha contra los falsos conceptos que la actual política ha inculcado en la mayoría de la población.
Venezuela -así como buena parte de Latinoamérica- es fiel testigo de una clase política primitiva que más que solucionar, ha contribuido al desastre que experimentamos hoy día en nuestras sociedades. Tal situación, tiene sus raíces en una lucha sin cuartel por llegar al poder sin tomar en cuenta realmente a la población; acordándose del “pueblo” para beneficios electorales o cuando la presión política es inevitable. Lamentablemente, esta situación prácticamente se ha convertido en un principio nacional que se ha establecido en nuestras sociedades; bien sea por el desconocimiento de las leyes o por una arbitrariedad de nuestras máximas autoridades.
Ante todo esto, es necesario actos de rebeldía. Pero no el concepto vacío de ser rebelde e ir en contra de algo en una lucha sin sentido. No… de lo que se trata es de crear una conciencia colectiva a través de principios y de actos que nos formen como una sociedad eficiente, en comunidades proactivas, donde cada uno de nosotros lleve a cabo acciones que en un mediano o largo plazo, nos dé el derecho legítimo de exigir una mejora en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Esa conciencia colectiva, esa conciencia nacional, nacerá una vez que cada uno de nosotros tenga la convicción de que puede cambiar las cosas sin necesidad de recurrir a dádivas o favores de los políticos de turno. Esa conciencia nacerá cuando nos demos cuenta que no somos un simple conglomerado que únicamente comparte el territorio nacional, sino una fuerza suprema que con las condiciones morales y educativas adecuadas puede cortar la brecha que existe entre los partidos y demás factores que se imponen en la realidad política de Venezuela.
Es en ese momento, donde los gobernantes de turno se darán cuenta que sus acciones llegarán hasta el comienzo de nuestra rebeldía; que la verdadera democracia no empieza por ellos sino con nosotros y que sus gobiernos serán el reflejo de lo que queremos como país y no lo que ellos deseen imponernos. De esa manera, conseguiremos el verdadero y sentido patriotismo que muchos pregonan pero que pocos ponen a valer.
 Lo antes expuesto es un simple sentir que tiene eco en infinidad de personas que creemos en la verdadera justicia, en la educación como factor fundamental de la base familiar; y sobre todo, en la llegada de una reconstrucción que no excluya a nadie por su ideología o pensar político, sino que por el contrario, afiance nuestro gentilicio ante los días tan difíciles que estamos atravesando.

viernes, 15 de marzo de 2013

Ha fallecido el Presidente... ¿Ahora qué?

Y el destino se expresó: la muerte –siempre victoriosa ante la vida- acabó con la figura férrea del Presidente de ésta nación. No sabemos bajo qué condiciones, pero lo único de lo que tenemos certeza es que sus familiares y verdaderos seguidores hoy lloran la partida de un ser que para bien o para mal, ha marcado un antes y un después en la Historia de Venezuela.
No es la intención de éste humilde ser, ocuparse de juzgar lo que ha transcurrido a lo largo de estos 14 años. Será el mañana, será la Historia y sobre todo, será la conciencia de nuestra colectivo quienes se encargarán de colocarlo en su justo y real sitio dentro de esa línea que hoy llamamos República Bolivariana de Venezuela.
Lo que se intenta con éste artículo es expresar el sentir de mucha gente que ve como nuevamente nos dirigimos a un evento electoral en el cual nuestra decisión a la hora de ir a las urnas, nos dará un gobierno que representará nuestra idiosincrasia, nuestra idea de lo que deseamos como país; y por supuesto, nuestra conciencia y vergüenza como venezolanos. Ese expresar viene porque el futuro de Venezuela de nuevo está en juego para unos y para otros.
Ante nuestros ojos se nos presentan caminos disímiles pero que en teoría buscan el mismo objetivo: el bienestar de nuestro pueblo –o al menos, eso es lo que nos presentarán durante la campaña electoral-. Independientemente del pensar e ideología que pueda tener usted al momento de leer éstas líneas, creo que todos coincidimos en que desde hace mucho tiempo debimos tener un país grande y mínimamente en vías de un real desarrollo. Lamentablemente, nuestras diferencias han impedido que eso ocurra en la realidad, ya que vivimos en una sociedad donde desde los más altos cargos de la política hasta en los integrantes de nuestras familias, el odio, el rencor y la afrenta es el pan de cada día.
La actual política en Venezuela le ha permitido a nuestra población ser un actor principal a la hora de conseguir los cambios que primordialmente necesitamos. Pero la realidad es que con el pasar del tiempo, nuestro fanatismo (tristemente hay que llamarlo de esa manera) en los líderes -tanto del actual gobierno como de oposición- nos ha cegado e impedido alzar nuestra voz como la Historia nos lo exige. Unos por ser leales a un proceso en el cual creen pero que evidentemente es vertical por completo; los otros en un concierto de nuevos ideales que no termina de cristalizarse en los niveles más afligidos de nuestro colectivo.
Si lo que deseamos es obtener una Venezuela con normas y leyes que nos conduzcan a una reconstrucción de la sociedad, es imperativo una genuina unión y conciencia política de lo que anhelamos como país. Para ello, es necesario trabajar todos juntos y con todo el material político y humano que está presente de forma directa en nuestras regiones. Ya es hora de que los venezolanos honrados y verdaderamente patriotas, tomen en sus manos (a través del voto en el corto plazo) las riendas que eliminen la confusión y los miedos -que siempre aprovechan los oportunos- para llegar a esa anhelada igualdad social, a esa soñada justicia social y a ese real camino que nos conduzca al reencuentro nacional.
¿Qué esperamos? ¿Cuál es la vacilación? Quitémonos las vendas ante las promesas engañosas que nos puedan hacer en estos momentos críticos. Exijamos hechos concretos. Desaparezcamos de una vez por todas, el salvajismo que nos está consumiendo. No se trata de Cuba, no se trata del imperio; se trata de nosotros y de nuestra vergüenza y dignidad.