Venezuela está urgida de una verdadera reforma en todas sus bases políticas, sociales y económicas. Cada logro, cada victoria que se ha conseguido a lo largo de estos 14 años ante el grupúsculo que hoy se ve reflejado en el poder, debe ser sinónimo de mayores responsabilidades y compromisos con nuestro vejado país.
Es necesaria una renovación, una reforma que ponga en claro el orden de las cosas; una renovación, una reforma que le deje en claro a nuestra sociedad que todo lo que se ha de realizar es por el bien común y no por las inútiles divisiones que son llevadas a cabo por el grupúsculo; una renovación, una reforma que incluya a todos en la reconstrucción de nuestra Nación, a través de una nueva organización administrativa, social, en la cual el cumplimiento de la ley sea para todos por igual; una renovación, una reforma que destaque el verdadero nacionalismo y que obviamente, lo mejore con el pasar del tiempo. Una verdadera Reforma Nacional… Esa meta no será fácil pero es posible; y ese debe ser nuestro objetivo.
Pero ¿qué hacer para medianamente sentar las bases que se necesitan para lograr esa Reforma? La respuesta es sencilla: Poder Político. Y eso ya es una realidad aún siendo oposición, ya que el debilitamiento político del grupúsculo y su dudosa legitimidad, le ha permitido a la oposición venezolana marcar en buena medida la agenda política de Venezuela.
Bajo esa premisa, es indispensable seguir manteniendo las fuerzas que nos agrupan y que nos han permitido afrontar a esta canallesca cúpula. Recordemos que la lucha no es contra los compatriotas que aún creen en el proyecto que dejó el fallecido Hugo Chávez -proyecto que el grupúsculo está dejando a un lado por sus propios intereses-, sino contra esos personajes que intentan perpetuarse en el poder por cualquier medio y aún sacrificando a los suyos. La unidad nacional nos llama y cada día que pasa debe ser más fuerte. La palabra incorporación debe estar en nuestro diccionario, los verbos destruir y dividir deben desaparecer.
Se ha avanzado demasiado, por lo tanto, no nos podemos dormir en los laureles. El horizonte se sigue ampliando ante nosotros, a pesar de los intentos del grupúsculo por esconder la verdad y manipular a su antojo la problemática que aqueja a la Nación. Han sido 14 años de una dominación bárbara, de un sistema que a pesar de contar con todos los Poderes del Estado, lo que ha traído es vergüenza y angustia en nuestra sociedad. Es por esa razón, que esa Reforma Nacional debe rescatar los atributos y derechos que tenemos cada uno de nosotros, para de esa manera, conseguir el Estado que nos conduzca por la senda del desarrollo.
Una vez sentadas las bases de esa Reforma Nacional ¿Qué hacer? ¿Cómo afrontar la realidad que nos dejará el grupúsculo que hoy ostenta el poder? Son muchísimas las medidas que se deben tomar -de hecho, llevará varias entregas poder enunciar las más básicas pero no menos importantes-, pero la realidad venezolana, la dinámica política y sobre todo, la sociedad, empujan hacia situaciones que se pueden reflejar en lo siguiente:
· Venezuela primero: El problema de gobernabilidad que dejará el grupúsculo será una verdadera tarea titánica para las fuerzas que afronten el reto de guiar a la Nación. Pero, es necesario que la visión de gobernabilidad tenga sus bases en los venezolanos y para los venezolanos. Ya es hora de depender de factores externos para llevar las riendas del país. Más que buscar al “hombre nuevo”, se debe rescatar al “hombre olvidado”; más que “libertar” a los sectores más desposeídos, se debe fomentar la educación y el empleo que lleve al venezolano a la consecución de beneficios económicos y sociales, es decir, dejar de crear una clase social que sea parasitaria del Estado. Para ello, debemos contar con una buena administración pública que explote por completo todas nuestras industrias básicas y que de verdad pregone el trabajo –cosa contraria a lo que hace el supuesto “presidente obrero”-.
· Integridad y verdadera independencia: Venezuela está urgida de una integración basada únicamente en los factores que permitan el desarrollo de nuestra sociedad. De una vez por todas, debemos execrar de nuestros límites todo aquello que sea sinónimo de injerencia en la toma de decisiones del Gobierno y que afecte el aparato productivo del Estado. Las injerencias -vengan de donde vengan- tienen como objetivo alcanzar beneficios basados en la codicia y en los intereses personales o de gobiernos. Por tal motivo, se debe contar con un Gobierno fuerte que sepa hacer respetar el concepto país en un marco de relaciones “ganar-ganar” en las cuales no nos arrodillemos ante ninguna nación, por ningún concepto y por ningún apoyo político que mantenga a un grupúsculo en el poder.
Próxima entrega: Poder Legislativo, Educación, Economía e Industria Petrolera, Poder Judicial, Ejército
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