lunes, 18 de marzo de 2013

Hacia una reconstrucción moral

Para nadie es un secreto que la actual situación política del país, es el resultado de una larga lista de errores que se han cometido hasta la presente fecha. Por tal motivo, si permitimos que esas faltas continúen, el estado de Venezuela seguirá empeorando al extremo que toda la población se vea envuelta en defectos morales, políticos y sociales de difícil solución.
En éste mundo tan globalizado, aún existimos personas que tenemos la creencia -aunque suene utópico- de que la sociedad venezolana para transformarse en una verdadera Nación y mantenerse en el tiempo como tal, debe encaminarse en acciones de innovación moral y educativa; donde la familia y la educación de calidad sean factores fundamentales en la lucha contra los falsos conceptos que la actual política ha inculcado en la mayoría de la población.
Venezuela -así como buena parte de Latinoamérica- es fiel testigo de una clase política primitiva que más que solucionar, ha contribuido al desastre que experimentamos hoy día en nuestras sociedades. Tal situación, tiene sus raíces en una lucha sin cuartel por llegar al poder sin tomar en cuenta realmente a la población; acordándose del “pueblo” para beneficios electorales o cuando la presión política es inevitable. Lamentablemente, esta situación prácticamente se ha convertido en un principio nacional que se ha establecido en nuestras sociedades; bien sea por el desconocimiento de las leyes o por una arbitrariedad de nuestras máximas autoridades.
Ante todo esto, es necesario actos de rebeldía. Pero no el concepto vacío de ser rebelde e ir en contra de algo en una lucha sin sentido. No… de lo que se trata es de crear una conciencia colectiva a través de principios y de actos que nos formen como una sociedad eficiente, en comunidades proactivas, donde cada uno de nosotros lleve a cabo acciones que en un mediano o largo plazo, nos dé el derecho legítimo de exigir una mejora en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Esa conciencia colectiva, esa conciencia nacional, nacerá una vez que cada uno de nosotros tenga la convicción de que puede cambiar las cosas sin necesidad de recurrir a dádivas o favores de los políticos de turno. Esa conciencia nacerá cuando nos demos cuenta que no somos un simple conglomerado que únicamente comparte el territorio nacional, sino una fuerza suprema que con las condiciones morales y educativas adecuadas puede cortar la brecha que existe entre los partidos y demás factores que se imponen en la realidad política de Venezuela.
Es en ese momento, donde los gobernantes de turno se darán cuenta que sus acciones llegarán hasta el comienzo de nuestra rebeldía; que la verdadera democracia no empieza por ellos sino con nosotros y que sus gobiernos serán el reflejo de lo que queremos como país y no lo que ellos deseen imponernos. De esa manera, conseguiremos el verdadero y sentido patriotismo que muchos pregonan pero que pocos ponen a valer.
 Lo antes expuesto es un simple sentir que tiene eco en infinidad de personas que creemos en la verdadera justicia, en la educación como factor fundamental de la base familiar; y sobre todo, en la llegada de una reconstrucción que no excluya a nadie por su ideología o pensar político, sino que por el contrario, afiance nuestro gentilicio ante los días tan difíciles que estamos atravesando.

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