sábado, 27 de abril de 2013

La hora de la verdad

En estas horas nefastas que políticamente atraviesa nuestra nación, la mayoría de los venezolanos parece no darse cuenta de la grave situación que estamos confrontando -si acaso no hacen la vista gorda-, ni de aquello que está en juego en estos momentos. Todo esto es lamentable, ya que los personeros del gobierno si están preparados para ello; y por consiguiente, listos para continuar con la repartición de lo poco que nos queda de capital económico, político y social a las pirañas que piensan en su bienestar personal o familiar.
Y es que la realidad nos presenta a un grupúsculo de traidores políticos que aún se ufanan de estar agrupados en torno a la figura del fallecido Presidente Chávez, pero que poco a poco se van desprendiendo de ese ícono para ir socavando los principios de justicia y libertad que aún quedan en pie dentro de nuestra sociedad. Un grupúsculo que hasta hace poco se vendía como los reivindicadores de la patria, cuando la actual realidad es que son viejas figuras pero con nuevas ansias de arrasar con lo poco que queda del festín que comenzó hace 14 años.
Han sido 14 años de humillaciones por parte de la actual clase dominante; han sido 14 años de un decaimiento sostenido de nuestra sociedad -en todos los ámbitos que uno se pueda imaginar-; han sido 14 años de una sed criminal que está acabando con todos los estratos sociales de nuestra nación. Esos 14 años son más que suficientes para que la inmensa mayoría de los venezolanos se dé cuenta del intento de permanencia en el poder que anhela dicho grupúsculo político. Pero -siempre hay un “pero”-, lamentablemente no hemos demostrado el suficiente interés por detener esa terrible realidad.
Es insólito que hoy día todavía existan venezolanos que de manera sincera, interesada o hipócrita, aún defiendan un gobierno, un grupúsculo que tiene entre sus logros, la inseguridad galopante que acaba con la vida de miles de venezolanos, dejando enlutadas miles de familias; carreteras que se convierten en guillotinas para cualquier ser que ose conducir por ellas; corrupción galopante en todos el sistema del Estado; atraso en el sistema judicial con juicios que nunca empiezan ni terminan, mientras las cárceles se convierten en espacios inmundos y de mayor atraso social. ¿Qué esperamos entonces para despertar del letargo en el que nos encontramos? ¿Acaso deseamos ser víctimas? Y eso que no ahondamos en la situación económica del país, la cual de por sí, es paupérrima y está atacando a cada uno de nosotros.
¿Acaso Maduro, Cabello, Jaua, Arreaza, son sinónimo de desarrollo, de bienestar social? ¿Acaso Varela, Ortega, son sinónimo de verdadera justicia? ¿Acaso Ramírez, Merentes, son sinónimo de economía próspera e inflación mínima? ¿Qué puede esperar Venezuela de éste grupúsculo que ha contado con el tiempo suficiente para hacer de nuestra nación medianamente desarrollada pero que por el contrario, han avergonzado a propios y extraños? ¿Acaso estamos condenados a ser seres sumisos ante estos seres sin tan siquiera mostrar un halo de resistencia? De ser así, sería la confirmación ante aquello de que toda nación tiene el gobierno que se merece. Es decir, el último que apague la luz.
Y es justamente en este punto donde quiero hacer un inciso para dirigirme a nuestra juventud. Es necesario que no se dejen engatusar por los espejismos y sueños sin sentido que este grupúsculo les presenta como una simple excusa para seguir en el poder. Es hora de reaccionar y unirse a la lucha de justicia que todos estamos buscando. La apatía no puede seguir siendo su marca de fábrica; por el contrario, nos urge contar con ustedes si es que deseamos tener un verdadero y nuevo amanecer en Venezuela. De ustedes depende buena parte de la lucha, de tu lucha, de nuestra lucha.
Hagamos como punto de honor, demostrarle al grupúsculo que los venezolanos de buena voluntad, de buena fe, somos mayoría; que somos una inmensa mayoría. Si logramos ese objetivo, nos demostraremos a nosotros mismos y al mundo, que la honradez, la justicia y la libertad están hechas para el bienestar de toda una sociedad y no de una parcialidad política.

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