martes, 14 de mayo de 2013

Hacia una verdadera Reforma Nacional (y III)

Para finalizar con esta entrega, analizaremos otros aspectos que deben ser modificados en su totalidad para alcanzar la Reforma Nacional a la cual aspiramos la mayoría de los venezolanos y que es el paso fundamental para desmontar el aparato viciado del Estado que soporta al grupúsculo que hoy pretende dominar a la Nación.
-         Creación de nuevas industrias: Buena parte del escaso desarrollo económico en los últimos 14 años, es producto del agobiante control que ha querido implementar el gobierno en todas las industrias del país. En dicho período, ha quedado más que demostrado que la ineficiencia y la destrucción del aparato productivo han sido la marca personal del grupúsculo que hoy nos intenta gobernar.
Es necesario incentivar el nacimiento de nuevas industrias y la formación de técnicos capacitados para lograr el establecimiento definitivo de un sistema que fomente y produzca el desarrollo económico fuera del control del Estado.
Venezuela siempre ha estado en una posición única en la cual el diferencial de las importaciones y exportaciones debería de otorgarnos un saldo positivo; y no como lo refleja la actual realidad: una política de importación que deja al descubierto lo endeble de nuestra economía.

-         Los trabajadores: La sociedad venezolana está urgida de una clase trabajadora que esté a la altura de los cambios que necesita la sociedad. Por tal motivo, es necesario que una vez que salga del poder el grupúsculo que hoy intenta gobernar, la nueva dirigencia política garantice la libertad de trabajo, sin presionar a los ciudadanos por su manera de pensar y/o su activismo político.
De igual manera, los trabajadores deben de contar con sueldos y salarios acordes a las necesidades reales que afronta nuestra sociedad. Hay que recordar, que el supuesto gobierno que tenemos, nos ha conducido por un camino viciado por controles económicos y devaluaciones que han mermado en los ingresos de la inmensa mayoría de venezolanos. Así que es necesario incrementar los ingresos laborales para afrontar el desastre económico en el cual nos han colocado.

-         El sistema bancario: La depuración del sistema bancario nacional debe comenzar por aquellos bancos que fueron creados para proteger el capital de intereses personales, los cuales tienen como único objetivo, ganancias desproporcionadas sin importarles la salud económica de Venezuela.
La banca debe estar enfocada a beneficios que impulsen el desarrollo de la sociedad, bien sea desde el ámbito económico o social. En la actualidad, algunas instituciones bancarias brindan dichos beneficios, pero esto aún es ínfimo comparado con las necesidades del venezolano.
Por otro lado, las instituciones destinadas a los créditos, deben ofrecer intereses acordes y razonables para un mayor desarrollo de las actividades que exige y necesita la Nación.
Por último -y quizás lo más lógico-, es que el poco capital extranjero que ingresa al país, así como el poco capital que aún producimos, debe ser invertido en el sistema bancario nacional. De nada nos sirve la creación de instituciones financieras en el exterior o de poco alcance nacional, si a la larga las utilidades que puedan ofrecer serán únicamente para el grupúsculo y/o para intereses extranjeros.

-         Los servicios públicos: Quizás éste punto en específico llevaría hasta dos entregas porque el deterioro y la destrucción inexplicable -aunque la explicación es ineficiencia- de los servicios públicos en Venezuela pareciera ser un cuento de nunca acabar. Estamos hablando de carreteras, servicio eléctrico, teléfono e internet, ferrocarriles y transporte subterráneo, agua potable y aguas negras, aseo urbano, por nada más enumerar unos pocos, los cuales son la preocupación diaria en la cotidianidad del venezolano.
Es increíble que cada uno de esos servicios públicos estén bajo la responsabilidad de algún organismo del Estado -y hasta de algún ministerio en otros-, pero la ineficiencia siga creciendo con el transcurrir del tiempo. Ante esa realidad, es necesario contar con una comisión o algún organismo central de emergencia que canalice todas y cada una de las fallas y posibles soluciones que se puedan ofrecer. Es hora de acabar con la demagogia y la burocracia en esos sectores principales de la sociedad.

lunes, 6 de mayo de 2013

Hacia una verdadera Reforma Nacional (II)

Siguiendo con las medidas que deben ser tomadas para una verdadera Reforma Nacional -las cuales son fiel reflejo de lo que anhela y aspira nuestra sociedad-, destacaremos las siguientes:
-         Poder Legislativo: Es vital para los actuales momento que atraviesa Venezuela, contar con una Asamblea Nacional moderna y verdaderamente democrática. Todo ello en pro de trabajar aceleradamente -siempre con una gerencia y política de alto nivel- en aquellas leyes que afronten la grave situación de nuestra sociedad.

La Asamblea Nacional debe organizar e impulsar todos aquellos movimientos -públicos y privados- que puedan reconstruir el país y las bases del Estado; para de esa manera, a través de las leyes que de allí emanen, lograr la unidad y el compromiso de todos los venezolanos en beneficio del país.

-         Educación: Este es uno de los puntos que mayor atención debe tener por parte del Estado y del Gobierno Nacional, ya que la misma ha sido prácticamente abandonada a intereses políticos, a pesar de contar con nuevas instituciones educativas. La falta de una educación de calidad, se ve plasmada en el alto índice de criminalidad y de ausentismo en los niveles básicos del sistema educativo. Aunado a ello, contamos con un grupúsculo de políticos que en vez de promover la participación escolar, lo que hacen es aprovecharse de cualquier fecha importante a sus intereses para suspender las clases.

Es indispensable la fomentación y reapertura de las escuelas técnicas a lo largo y ancho de nuestra patria. Dichas instituciones siempre fueron un bastión para aquellos venezolanos que soñaban y sueñan con profesiones distintas a las emanadas de las ciencias y/o las humanidades. Además, las carreras técnicas siempre fueron sinónimo de sacrificio, compromiso y valor.

Se debe dejar a un lado el sistema educativo que nos pretenden imponer, en el cual nuestros niños y adolescentes son objetos del Estado o de una parcialidad política, para dar paso a una educación libre de cualquier dogma político; una educación que explote el intelecto, no la obediencia; una educación que permita el nacimiento de la reflexión en cualquier ámbito, no la mentalidad autómata de los borregos que siguen algo sin saber por qué.

-         Economía e Industria Petrolera: Se debe sanear nuestra economía desde los niveles más bajos hasta nuestra industria petrolera. Para ello, la economía debe estar al servicio de nuestra nación. Es hora de PDVSA deje de ser la caja chica del grupúsculo que hoy intenta gobernarnos y de aquellas naciones que reciben beneficios con tal de avalar la postura incoherente de aquellos que tienen actualmente las riendas de Venezuela. Nuestra economía debe estar al servicio del bien común y de aquellas libertades económicas que deberíamos de gozar y que nos han sido negadas hasta los momentos.

La estabilización de la moneda y unos precios acordes a nuestras necesidades deben ser la meta de toda Reforma Nacional. Para ello, se debe proteger la producción nacional y evitar a toda costa una política de importación que está socavando todo el sistema productivo venezolano. Por otro lado, la producción petrolera debe incrementarse y los ingresos que de allí provengan, invertirse en áreas vitales para el desarrollo de nuestra sociedad. Se debe acabar con los negocios fraudulentos que sólo benefician intereses personales y de otras naciones, así como promover una contraloría que nos mantenga al tanto de todas las transacciones que son llevadas a cabo por las autoridades de la industria petrolera.

-         Poder Judicial: Buena parte de la debacle de nuestra sociedad se debe a la manera de hacer justicia en nuestro país. Lamentablemente, el Poder Judicial está en manos del grupúsculo que hoy intenta gobernarnos y su aplicación sólo es válida para aquellos factores que se oponen al gobierno; y no para todo aquel que incumpla con las leyes de la Nación.

Al igual que con la Asamblea Nacional, se debe contar con personas comprometidas con el verdadero desarrollo de Venezuela y, por supuesto, de un sistema judicial acorde a los nuevos tiempos. Para ello, el sistema de selección debe ser muy cuidadoso y lo más profesional posible. Nunca en base a afinidades políticas o personales.

El actual grupúsculo que se encuentra en el poder, ha acabado con nuestro sistema judicial. Ellos son la justicia y de ellos emana las decisiones. Los magistrados no son más que títeres que le otorgan “legalidad” a las decisiones que salen del Tribunal Supremo de Justicia.

Además, el sistema penitenciario debe reformarse por completo. Venezuela necesita cárceles en las cuales el reo pueda reformarse y salir a la sociedad siendo un factor de desarrollo. En los actuales momentos, tenemos todo lo contrario: cárceles que fomentan mayor perversión, odio y resentimiento social. Todo ello, sin contar el negocio que ha venido creciendo dentro de los centros penitenciarios.

-         Ejército: Nuestro ejército debería ser el pilar fundamental de la defensa y honor de la Nación. En los actuales momentos, eso no es así: los jerarcas militares están de rodillas ante el grupúsculo que hoy intenta gobernarnos y en muchos casos, a intereses extranjeros. Urge contar con una Fuerza Armada que apoye a la sociedad civil; una Fuerza Armada que proteja a todos los venezolanos en base a disciplina y organización.

Nuestros soldados deben de tener claro cuál es su papel en la sociedad,  así como nosotros debemos tener claro que los militares están a nuestro servicio, no al del grupúsculo y mucho menos de intereses extranjeros. La razón debe prevalecer en el componente militar y como tal, debemos hacérselo entender.
En la última entrega: Creación de nuevas industrias, los trabajadores, el sistema bancario, los servicios públicos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Hacia una verdadera Reforma Nacional (I)

Venezuela está urgida de una verdadera reforma en todas sus bases políticas, sociales y económicas. Cada logro, cada victoria que se ha conseguido a lo largo de estos 14 años ante el grupúsculo que hoy se ve reflejado en el poder, debe ser sinónimo de mayores responsabilidades y compromisos con nuestro vejado país.
Es necesaria una renovación, una reforma que ponga en claro el orden de las cosas; una renovación, una reforma que le deje en claro a nuestra sociedad que todo lo que se ha de realizar es por el bien común y no por las inútiles divisiones que son llevadas a cabo por el grupúsculo; una renovación, una reforma que incluya a todos en la reconstrucción de nuestra Nación, a través de una nueva organización administrativa, social, en la cual el cumplimiento de la ley sea para todos por igual; una renovación, una reforma que destaque el verdadero nacionalismo y que obviamente, lo mejore con el pasar del tiempo. Una verdadera Reforma Nacional… Esa meta no será fácil pero es posible; y ese debe ser nuestro objetivo.
Pero ¿qué hacer para medianamente sentar las bases que se necesitan para lograr esa Reforma? La respuesta es sencilla: Poder Político. Y eso ya es una realidad aún siendo oposición, ya que el debilitamiento político del grupúsculo y su dudosa legitimidad, le ha permitido a la oposición venezolana marcar en buena medida la agenda política de Venezuela.
Bajo esa premisa, es indispensable seguir manteniendo las fuerzas que nos agrupan y que nos han permitido afrontar a esta canallesca cúpula. Recordemos que la lucha no es contra los compatriotas que aún creen en el proyecto que dejó el fallecido Hugo Chávez -proyecto que el grupúsculo está dejando a un lado por sus propios intereses-, sino contra esos personajes que intentan perpetuarse en el poder por cualquier medio y aún sacrificando a los suyos. La unidad nacional nos llama y cada día que pasa debe ser más fuerte. La palabra incorporación debe estar en nuestro diccionario, los verbos destruir y dividir deben desaparecer.
Se ha avanzado demasiado, por lo tanto, no nos podemos dormir en los laureles. El horizonte se sigue ampliando ante nosotros, a pesar de los intentos del grupúsculo por esconder la verdad y manipular a su antojo la problemática que aqueja a la Nación. Han sido 14 años de una dominación bárbara, de un sistema que a pesar de contar con todos los Poderes del Estado, lo que ha traído es vergüenza y angustia en nuestra sociedad. Es por esa razón, que esa Reforma Nacional debe rescatar los atributos y derechos que tenemos cada uno de nosotros, para de esa manera, conseguir el Estado que nos conduzca por la senda del desarrollo.
Una vez sentadas las bases de esa Reforma Nacional ¿Qué hacer? ¿Cómo afrontar la realidad que nos dejará el grupúsculo que hoy ostenta el poder? Son muchísimas las medidas que se deben tomar -de hecho, llevará varias entregas poder enunciar las más básicas pero no menos importantes-, pero la realidad venezolana, la dinámica política y sobre todo, la sociedad, empujan hacia situaciones que se pueden reflejar en lo siguiente:
·        Venezuela primero: El problema de gobernabilidad que dejará el grupúsculo será una verdadera tarea titánica para las fuerzas que afronten el reto de guiar a la Nación. Pero, es necesario que la visión de gobernabilidad tenga sus bases en los venezolanos y para los venezolanos. Ya es hora de depender de factores externos para llevar las riendas del país. Más que buscar al “hombre nuevo”, se debe rescatar al “hombre olvidado”; más que “libertar” a los sectores más desposeídos, se debe fomentar la educación y el empleo que lleve al venezolano a la consecución de beneficios económicos y sociales, es decir, dejar de crear una clase social que sea parasitaria del Estado. Para ello, debemos contar con una buena administración pública que explote por completo todas nuestras industrias básicas y que de verdad pregone el trabajo –cosa contraria a lo que hace el supuesto “presidente obrero”-.

·        Integridad y verdadera independencia: Venezuela está urgida de una integración basada únicamente en los factores que permitan el desarrollo de nuestra sociedad. De una vez por todas, debemos execrar de nuestros límites todo aquello que sea sinónimo de injerencia en la toma de decisiones del Gobierno y que afecte el aparato productivo del Estado. Las injerencias -vengan de donde vengan- tienen como objetivo alcanzar beneficios basados en la codicia y en los intereses personales o de gobiernos. Por tal motivo, se debe contar con un Gobierno fuerte que sepa hacer respetar el concepto país en un marco de relaciones “ganar-ganar” en las cuales no nos arrodillemos ante ninguna nación, por ningún concepto y por ningún apoyo político que mantenga a un grupúsculo en el poder.
Próxima entrega: Poder Legislativo, Educación, Economía e Industria Petrolera, Poder Judicial, Ejército   

sábado, 27 de abril de 2013

La hora de la verdad

En estas horas nefastas que políticamente atraviesa nuestra nación, la mayoría de los venezolanos parece no darse cuenta de la grave situación que estamos confrontando -si acaso no hacen la vista gorda-, ni de aquello que está en juego en estos momentos. Todo esto es lamentable, ya que los personeros del gobierno si están preparados para ello; y por consiguiente, listos para continuar con la repartición de lo poco que nos queda de capital económico, político y social a las pirañas que piensan en su bienestar personal o familiar.
Y es que la realidad nos presenta a un grupúsculo de traidores políticos que aún se ufanan de estar agrupados en torno a la figura del fallecido Presidente Chávez, pero que poco a poco se van desprendiendo de ese ícono para ir socavando los principios de justicia y libertad que aún quedan en pie dentro de nuestra sociedad. Un grupúsculo que hasta hace poco se vendía como los reivindicadores de la patria, cuando la actual realidad es que son viejas figuras pero con nuevas ansias de arrasar con lo poco que queda del festín que comenzó hace 14 años.
Han sido 14 años de humillaciones por parte de la actual clase dominante; han sido 14 años de un decaimiento sostenido de nuestra sociedad -en todos los ámbitos que uno se pueda imaginar-; han sido 14 años de una sed criminal que está acabando con todos los estratos sociales de nuestra nación. Esos 14 años son más que suficientes para que la inmensa mayoría de los venezolanos se dé cuenta del intento de permanencia en el poder que anhela dicho grupúsculo político. Pero -siempre hay un “pero”-, lamentablemente no hemos demostrado el suficiente interés por detener esa terrible realidad.
Es insólito que hoy día todavía existan venezolanos que de manera sincera, interesada o hipócrita, aún defiendan un gobierno, un grupúsculo que tiene entre sus logros, la inseguridad galopante que acaba con la vida de miles de venezolanos, dejando enlutadas miles de familias; carreteras que se convierten en guillotinas para cualquier ser que ose conducir por ellas; corrupción galopante en todos el sistema del Estado; atraso en el sistema judicial con juicios que nunca empiezan ni terminan, mientras las cárceles se convierten en espacios inmundos y de mayor atraso social. ¿Qué esperamos entonces para despertar del letargo en el que nos encontramos? ¿Acaso deseamos ser víctimas? Y eso que no ahondamos en la situación económica del país, la cual de por sí, es paupérrima y está atacando a cada uno de nosotros.
¿Acaso Maduro, Cabello, Jaua, Arreaza, son sinónimo de desarrollo, de bienestar social? ¿Acaso Varela, Ortega, son sinónimo de verdadera justicia? ¿Acaso Ramírez, Merentes, son sinónimo de economía próspera e inflación mínima? ¿Qué puede esperar Venezuela de éste grupúsculo que ha contado con el tiempo suficiente para hacer de nuestra nación medianamente desarrollada pero que por el contrario, han avergonzado a propios y extraños? ¿Acaso estamos condenados a ser seres sumisos ante estos seres sin tan siquiera mostrar un halo de resistencia? De ser así, sería la confirmación ante aquello de que toda nación tiene el gobierno que se merece. Es decir, el último que apague la luz.
Y es justamente en este punto donde quiero hacer un inciso para dirigirme a nuestra juventud. Es necesario que no se dejen engatusar por los espejismos y sueños sin sentido que este grupúsculo les presenta como una simple excusa para seguir en el poder. Es hora de reaccionar y unirse a la lucha de justicia que todos estamos buscando. La apatía no puede seguir siendo su marca de fábrica; por el contrario, nos urge contar con ustedes si es que deseamos tener un verdadero y nuevo amanecer en Venezuela. De ustedes depende buena parte de la lucha, de tu lucha, de nuestra lucha.
Hagamos como punto de honor, demostrarle al grupúsculo que los venezolanos de buena voluntad, de buena fe, somos mayoría; que somos una inmensa mayoría. Si logramos ese objetivo, nos demostraremos a nosotros mismos y al mundo, que la honradez, la justicia y la libertad están hechas para el bienestar de toda una sociedad y no de una parcialidad política.

martes, 23 de abril de 2013

Carta abierta a Henrique Capriles Radonski

Aún cuando no tengo el honor de conocerlo personalmente, se pudiera decir que estoy de acuerdo con muchas de las medidas que ha tomado hasta ahora en pro de mantener cierto equilibrio ante las acciones desproporcionadas de los poderes públicos del Estado.
Como muchos de los venezolanos de buena fe, no pertenezco a partido político alguno -a pesar de que su existencia es vital para cualquier sistema político- pero aplaudo el mensaje que ha llevado hasta ahora a lo largo y ancho de nuestra nación; mensaje que está desprovisto de revanchismo y que por el contrario, intenta atacar a una ideología sin base alguna y que nos está embistiendo diariamente con medidas que nos afectan a todos sin distinción de clases.
Pero mi mensaje no es para alabar o apoyar lo que usted está llevando a cabo o pretenda llevar a cabo. No…Mi mensaje es una especie de grito; es un sonido del silencio que aún invade a nuestra sociedad; y que como muchos, esperamos sea encauzado por usted en acciones que de una vez por todas nos integren y nos permitan combatir la difícil situación económica, social y política en la cual está sumida Venezuela.
La decadencia parece estar minando a nuestra sociedad, y muchos venezolanos vemos en su accionar político, esos aires de renovación y verdadero cambio que necesita la estructura del Estado y de nuestra población. Estamos urgidos de un líder renacentista, que pregone la renovación. Lamentablemente, estamos siendo testigos de una especie de desconcierto que nos está invadiendo producto de una disminución paulatina de las acciones y el discurso que necesita no una mitad del país, sino toda nuestra patria. Y eso, es algo que usted no puede permitirse siendo la cabeza visible de todo un conglomerado opositor.
Los odios, las divisiones, la intolerancia, parecen estar a punto de desbordarse en Venezuela. Se necesita de la presencia unitaria que representa su figura política; y para ello, es indispensable que empiece a actuar como tal. Venezuela exige eso y mucho más. Recuerde que los ingresos petroleros se desvanecen; recuerde que el gobierno está en poder de todo el dinero del Estado y hacen con él lo que les viene en gana; recuerde que las ansias de poder de los políticos atornillados en el gobierno, son más fuertes que el bienestar que anhelamos y nos merecemos todos los venezolanos; recuerde que éste gobierno pretende imponer la paz por medio de la fuerza. Ante eso y mucho más, usted debe levantarse y comportarse como el líder que es y en el que hemos puesto nuestras esperanzas de cambio.
En fin, lo que deseamos es mayor compromiso de usted en estas horas delicadas que vive la nación. Sinceramente, creo en su lucha y en lo que pareciera ser una buena intención de querer cambiar las cosas en el país. Sepa usted que cuenta con la inmensa mayoría del país; y como tal, apoyaremos esos cambios que de usted esperamos. Solo falta algo en el juego de la política -usted lo ha demostrado y esperemos que aún lo tenga-: Voluntad.

jueves, 18 de abril de 2013

Carta abierta a Nicolás Maduro

Nicolás, -disculpa que te tutee pero mi posición política y moral está muy por encima de tu cargo y mucho más de tu personalidad- no esperaba escribirte tan pronto, pero quiero aprovechar que se acerca una fecha muy importante para ti y únicamente para ti: juramentarte como regente de nuestra Nación. ¿Qué se siente? Debe ser algo emocionante ¿verdad?
El problema, Nicolás, es que estás asumiendo bajo un manto de rechazo por un lado; y de duda por el otro. Pero lo más resaltante es que en menos de dos meses, lograste acabar con el capital político que al fallecido ex-presidente Chávez le llevó 14 años levantar. Dime si eso no es algo único en su estilo. De todas maneras, no te preocupes por esas nimiedades; el fin justifica los medios ¿verdad, Nicolás? Aquí lo importante es que lograste llegar al poder y supuestamente lo acabas de ratificar, siempre bajo la bandera de servir y mantenerte al lado del “gigante”, del “líder supremo”. Eso es lo bueno de la política ¿verdad, Nicolás? Te brindó una oportunidad que ni remotamente te imaginabas diez, cinco y hasta un año atrás. La política, Nicolás, la política…
En fin, te escribo éstas líneas porque para ti, personas como yo, somos simples seres despreciables que buscan acabar con el supuesto sistema de paz, amor y respeto que tu tanto pregonas cuando te diriges a tus parciales -si es que acaso los tienes de forma natural-. No, Nicolás, personas como yo, rechazamos a elementos como tú, porque representas la comodidad en el poder y el miedo a perderlo; porque representas la falta de imaginación y el liderazgo artificial; porque representas a ese poder que intenta acallar, criticar y arrinconar de forma descarada toda disidencia que ose medianamente enfrentar el cargo que heredaste y la cúpula que te sostiene.
Pero no te preocupes, Nicolás. Nosotros no pensamos presionar mucho. ¿Sabes por qué? Porque tienes plomo en las alas; naciste con un peso muy grande para un político de poco rodaje como tú… Es tu gente, Nicolás… Será tu gente la que empiece a presionarte -aunque realmente lo empezaron a hacer desde el momento que buena parte de ellos dejó de votar por ti-. ¿Qué se siente? ¿Es tan emocionante como ponerte la banda del “gigante”, del “líder supremo”? ¿O el fin justifica los medios, Nicolás?
¿Qué se siente llegar al poder luego de utilizar la obra y figura del ex-presidente Chávez hasta la saciedad durante la campaña electoral, para empezar a sacarlo poco a poco de tu discurso, Nicolás?
 ¿Qué se siente que en menos de un día de tu supuesta elección, el pueblo te recibiera con esa manifestación tan contundente de rechazo a nivel nacional a través del sonido de las ollas? Debe ser emocionante ¿verdad? ¿Te acuerdas como empezó el principio del fin del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez? Me imagino que hasta tú en aquella ocasión sonaste tus ollitas.
¿Qué se siente poder insultar a diestra y siniestra; hacer y deshacer lo que te provoque sin el temor de que el “gigante”, el “líder supremo” te regañe en público? Para ti debe ser una sensación maravillosa… Dicen que esa es la ventaja del poder y de la política, Nicolás, la política…
¿Qué se siente que de forma espontánea, contundente, muchos de los que eran parciales que te dejaron en herencia política, ahora hacen preguntas, quieren respuestas? Es un despertar que supongo no te lo imaginabas. Pero en éste maravilloso país todo es posible; y esas son lecciones que aprenderás muy rápido, Nicolás.
No deseo incomodar tu celebración; y mucho menos quitarte tu valioso tiempo -el crear pajaritos y cualquier fauna o mitología debe ocupar mucho tu agenda-, pero si deseo recordarte que hay una mitad del país (aunque me atrevo a asegurar que es mucho más) que estará vigilante a todo lo que hagas. Así que tus amenazas y vilipendios siempre tendrán una barrera que no se resigna y jamás descansará por conseguir el verdadero país que todos nos merecemos.
Quien quita que todo el país sea testigo de tu soledad, Nicolás. El tiempo pasa, las personas pasan, pero el eterno sentir de los principios siempre permanece en el colectivo.
P.d. Estoy seguro que luego de leer ésta misiva me elevarás de clase en nuestra ya mermada estratificación social; así que gracias por hacerme a partir de éste momento un nuevo oligarca y burgués de Venezuela.

martes, 16 de abril de 2013

Por Venezuela

La llama de la energía, de la protesta, siempre ha estado presente en Venezuela. Muchos gobiernos han pasado, pero la semilla que germina en busca de la justicia, nunca ha dejado de brotar; y jamás lo hará.
Hoy Venezuela tiene una realidad en la cual nuestro país está completamente divido producto de todos estos años de odios y resquemores políticos que han marcado la agenda de la nación. Pero en menos de dos (02) meses, hemos sido testigos de un gobierno que se maneja en base a los intereses, a las conveniencias; y sobre todo, basado en una ignorancia del sentir popular que hoy se hace sentir a lo largo y ancho del territorio nacional.
Un gobierno que ha demostrado su incapacidad de ser totalmente autónomo; un gobierno que posee talento mercenario al servicio de sus directrices; un gobierno que se esconde bajo la falda de un ejército que posee componentes capaces de abalanzarse contra el que piense distinto; un gobierno que utilizó la figura del fallecido Presidente Chávez para tomar el poder y ahora que llegaron a él, se empiezan a deshacer de esa misma imagen para sus propios intereses; un gobierno que con el pasar de los días se divorcia del espíritu que supuestamente es la base de su revolución; un gobierno que intenta imponerse sobre una sociedad que ya le demostró en las urnas que no son mayoría, sino que existe una nueva realidad política a la cual ellos hacen la vista gorda.
Ante esos intentos de sofocar a una oposición que dejó de ser minoritaria para convertirse en una masa compacta de venezolanos de todos los estratos sociales, emergen obstáculos maravillosos que buscan crear el nacimiento de una sociedad organizada y con una dirección encaminada a frenar la anarquía que nos intentan y quieren imponer.
Nuestra sociedad disfruta de un momento único en mucho tiempo y con una calidad de primera en los cuales nuestros éxitos van llenando esta Tierra de Gracia con un aliento de renovación. Por eso, mantengamos el ánimo arriba; demostremos nuestra inconformidad ante estos días duros -y los que parecieran estar por venir- siguiendo los lineamientos más acordes y que nos han sido encomendados; mantengamos los vientos favorables de esta nave que busca cambiar la organización imperante; que nuestro ímpetu se refleje en pensamiento, en creación, en reflejo del país que queremos y necesitamos.
Hoy, Venezuela, está siendo testigo del cercenamiento de derechos establecidos en nuestra constitución y en cualquier marco jurídico; Hoy, Venezuela, está siendo testigo de la violencia emanada de las lenguas vejatorias de la oficialidad canallesca; Hoy, Venezuela, siente como se quiere imponer modelos autócratas ante la dignidad humana. Por eso y mucho más, nuestra semilla debe ser la llegada de una nueva estructura que sea hija de esas palabras que llamamos VIDA Y LIBERTAD.

miércoles, 3 de abril de 2013

¿Qué pasará si en las próximas elecciones gana...

… el pensamiento que no está influenciado por una verdadera conciencia moral en beneficio del país? Los ideales que están impregnados del odio? La palabra que a través del engaño se introduce en nuestros oídos con el firme propósito de inyectar perversamente el mal en nuestras sociedades?
Venezuela ha sido -y esperemos que siga siendo-, una nación que no ha experimentado grandes derramamientos de sangre producto de ideales irracionales o de fanatismos políticos. A pesar de existir factores radicales, siempre ha reinado la cordura y el buen juicio en la mayoría de nuestra sociedad, independientemente del pensar político de cada quien.
El mundo ha sido testigo de falsos líderes que a través de la palabra y de acciones descabelladas, han llevado a numerosas sociedades a un mundo de destrucción y caos. Es por esa razón, que urge que nuestra sociedad, nuestros jóvenes, nuestros verdaderos líderes expresen verdaderos ideales llenos de opinión, reflexión y sinceridad. La crítica tiene que privar dentro de cada uno de nosotros; porque la interrogante que actualmente debemos tener es ¿qué pasará si en las próximas elecciones gana…
… aquel político que podría causar un gran daño a nuestro país? La noticia imparcial y brutal que dejó atrás el periódico que aparte de informar, concientizaba, enseñaba al venezolano? El grupo de políticos que pregonan dignidad y honradez pero a la vez cierran los ojos ante una buena parte de nuestra sociedad?
El venezolano debe entender que la actual manera de hacer política se traduce en simplemente impresionar a algunos ilusos -que a la larga se transforman en radicales-, movilizando a las masas en base a un afecto y no a proyectos o ideales que representen el verdadero valor de la democracia y la libertad; sino que por el contrario, usan a la sociedad para defenestrar al enemigo político y así montar a otro, repitiéndose el círculo vicioso que ha imperado desde que nacimos como república.
Se ha perdido la esperanza en buena parte de la nación; y las pocas que existen, tienen sus bases en radicalismos que impiden el desarrollo sano de nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra manera de hacer política.
Mucho se ha escrito acerca de la importancia de cualquier elección de cargos públicos por muy pequeños que sean. Se trata de la manera más perfecta que tiene cualquier sociedad de expresar el verdadero sentir y aspiración que tiene para salir adelante, independientemente del sistema que se desee implantar. La diferencia es que esa expresión se debe hacer bajo la bandera de la conciencia política y la crítica constructiva; y no por pasiones políticas y mucho menos por fanatismos.
Por todo esto y mucho más, es necesario concientizar el país que queremos. Preguntémonos y reflexionemos qué queremos como país. Y sobre todo… ¿qué pasará en las próximas elecciones si gana…

jueves, 28 de marzo de 2013

La oposición en Venezuela (y II)

Para nadie es un secreto que vivimos en medio de la zozobra; en medio de una lucha constante por el poder. Ayer con un líder que copaba toda la escena política; hoy con dos visiones de país que se enfrentan en las calles y en muy pocos días en las urnas electorales. Estamos hablando de anhelos, de venganzas, de odios, de sueños, de aspiraciones, de retaliaciones, de pasiones, de rivalidades; en fin, de todo un cóctel que pudiera desbordarse si es que cada uno de los actores políticos no entienden la realidad política, social y económica que estamos afrontando como país.
Desde el punto de vista de la oposición ¿dónde están los líderes, los partidos, los ideales que de verdad nos hagan pensar en una fuerza que permita cimentar el actual sistema democrático? La interrogante viene a colación porque si bien es cierto que afrontamos un proceso electoral con muy poco tiempo de preparación, también es innegable que seremos testigos de la repetición histórica en la cual no contamos con las condiciones necesarias para afrontar las diversas y gravísimas problemáticas que se asoman en nuestra sociedad.
Es necesario en este corto tiempo -sea favorable o no el resultado electoral- de fijar un rumbo cohesionado que le otorgue ascendencia y autoridad al actual movimiento opositor. Y eso debe salir desde todos los ámbitos en los cuales exista esa presencia (Asamblea Nacional, líderes políticos, partidos, etc.) para crear la conexión necesaria que impulse el entendimiento de todos los factores políticos y democráticos de Venezuela.
El país está lleno de politiqueros de calle -tanto en el gobierno como en la oposición- que están más pendientes de sus caprichos o sueños políticos que de afrontar de una manera digna, gerencial y eficaz el reto que se nos presenta por delante. Es allí, donde LA VERDADERA OPOSICIÓN debe estar vigilante y ACTIVA ante el terror psicológico que se implanta día a día y al posible derrumbamiento de un sistema para entronizar a otro.
Para bien o para mal, soplan vientos de cambio en Venezuela. Es necesario que se instaure un verdadero ideal de igualdad y justicia en cada uno de los sectores de nuestra sociedad. Urge que la oposición vea hacia sus adentros y logre expresar de una vez por todas, el ideal y las acciones que marcarán su futuro político en el país. Es hora de evitar caer en el error cíclico de presentar un “proyecto” únicamente en tiempos de elecciones; es hora de dejar a un lado las demagogias para llegar a un sector de la sociedad que le ha sido esquivo por mucho tiempo; es hora de convencernos que los personalismos siempre han sido el llamado al entierro de la República en innumerables ocasiones.
En fin, los “líderes de oposición” deben entender que la mayoría de nuestra sociedad está en la búsqueda no de un mesías, sino de un movimiento verdaderamente atado al futuro del país, donde las aspiraciones de igualdad y justicia estén íntimamente ligadas al desarrollo de nuestra sociedad y no a una agrupación o partido político. Eso a la larga es uno de los principios básicos de la verdadera democracia.

sábado, 23 de marzo de 2013

La oposición en Venezuela (I)

La actual realidad venezolana se nos presenta como una constante ruleta que está llena de expectativas y fluctuaciones socio-políticas. Desde hace mucho tiempo vivimos en una completa inestabilidad basada en los temores y las ansias -desde la óptica de adeptos al gobierno y de los opositores-. Partiendo de esa premisa, no pretendo hacer un análisis político o histórico de lo que atraviesa nuestra sociedad; sino que por el contrario, busco reflejar el papel de la oposición en los actuales momentos.
La oposición venezolana ha sido testigo de sucesivas derrotas y desigualdades ante los retos que se han planteado frente al oficialismo. Trayendo tras de sí todo un cúmulo de pesimismo, apatía y desmovilización que se ha visto en la pérdida de algunos espacios que se habían ganado con anterioridad. La inercia es total y lamentablemente, muchos han optado por darle la espalda a la actual situación del país y permitir que el gobierno gane terreno en áreas vitales del país.
En política, los espacios no se deben dejar perder. Por el contrario, hay que ganarlos y mantenerlos. En eso,  particularmente, me quito el sombrero ante los afectos al oficialismo, ya que nunca pierden sus esperanzas y luchan en pro de la obtención de objetivos que para ellos son claves -a pesar de que en lo personal no los comparta -. En eso, la oposición debe rectificar ya que se está llegando a una situación que en años anteriores se le reprochaba al oficialismo: el mesianismo.
Los personajes públicos de la oposición -que por cierto son muy pocos- representan actualmente una ilusión más que una realidad. Perdieron su papel de conductores para representar uno lleno de entusiasmo pero sin esa palabra que tanto se pregona: unidad. Siguen teniendo un discurso para una parte de la sociedad que ya está ganado, pero dejan por fuera a otra parte de la población que está a la espera de un verdadero cambio que le garantice estabilidad y desarrollo.
Todo ello ha traído como consecuencia una especie de fatalismo ante lo que se nos avecina o lo que puede pasar después del próximo proceso electoral. Hay una especie de resignación a simplemente esperar lo que nos presente el destino; cuando la lógica es que exista un verdadero cambio en cada uno de nosotros, el cual nos permita ver el poder que realmente tenemos para cambiar las cosas. Lo anterior sucede, mientras que son muy pocas las voces que realmente intentan romper esa realidad y luchan por arrancar la sombra de la apatía que cubre a muchos venezolanos.
Desde la época de Juan Vicente Gómez -y posiblemente mucho antes-, se pudiera decir que Venezuela ha visto sus principios y valores subordinados al Presidente o partido dominante del momento. Es decir, la realidad de la oposición -al igual que la de los gobiernos de turno- data de mucho tiempo atrás, obteniendo sociedades que se mantienen en el desorden; conceptos y nociones políticas que se desvirtúan de acuerdo a la conveniencia de cada quien; ambiciones exageradas de todo aquel que llega a las riendas del poder; en fin, un caos y confusión que ha reinado y sigue reinando en la actualidad.
Ante esto, cabe preguntarse ¿qué representa realmente la oposición venezolana? Para quien escribe, es una masa bien conformada pero inerte y carente de identidad propia. Su orientación va encaminada de acuerdo a las acciones de turno que lleve a cabo el gobierno y/o a las palabras que pronuncie el actual “líder” opositor. Pero esa masa, ese conglomerado, tanto en lo interno como en lo externo, es un laberinto  de intereses personales y políticos que dejan a un lado sus ideologías y convicciones con tal de “pescar en río revuelto”.
En política, la unidad siempre es bienvenida y más aún ante gobiernos de cualquier índole que intenten perpetuarse en el poder. El problema con esa mal llamada unidad opositora es que no logra amalgamar lo bueno y lo malo, lo excelente y lo incompetente de cada uno de los actores presentes. Porque a la larga no se trata de tomar únicamente lo bueno; por el contrario, hay que tener presente lo malo para obtener un verdadero proyecto. De esa manera, se presentará una versión opositora que no sea únicamente un arcoíris de sueños e ilusiones, sino la piedra de la realidad de un auténtico proyecto unificador.

lunes, 18 de marzo de 2013

Hacia una reconstrucción moral

Para nadie es un secreto que la actual situación política del país, es el resultado de una larga lista de errores que se han cometido hasta la presente fecha. Por tal motivo, si permitimos que esas faltas continúen, el estado de Venezuela seguirá empeorando al extremo que toda la población se vea envuelta en defectos morales, políticos y sociales de difícil solución.
En éste mundo tan globalizado, aún existimos personas que tenemos la creencia -aunque suene utópico- de que la sociedad venezolana para transformarse en una verdadera Nación y mantenerse en el tiempo como tal, debe encaminarse en acciones de innovación moral y educativa; donde la familia y la educación de calidad sean factores fundamentales en la lucha contra los falsos conceptos que la actual política ha inculcado en la mayoría de la población.
Venezuela -así como buena parte de Latinoamérica- es fiel testigo de una clase política primitiva que más que solucionar, ha contribuido al desastre que experimentamos hoy día en nuestras sociedades. Tal situación, tiene sus raíces en una lucha sin cuartel por llegar al poder sin tomar en cuenta realmente a la población; acordándose del “pueblo” para beneficios electorales o cuando la presión política es inevitable. Lamentablemente, esta situación prácticamente se ha convertido en un principio nacional que se ha establecido en nuestras sociedades; bien sea por el desconocimiento de las leyes o por una arbitrariedad de nuestras máximas autoridades.
Ante todo esto, es necesario actos de rebeldía. Pero no el concepto vacío de ser rebelde e ir en contra de algo en una lucha sin sentido. No… de lo que se trata es de crear una conciencia colectiva a través de principios y de actos que nos formen como una sociedad eficiente, en comunidades proactivas, donde cada uno de nosotros lleve a cabo acciones que en un mediano o largo plazo, nos dé el derecho legítimo de exigir una mejora en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Esa conciencia colectiva, esa conciencia nacional, nacerá una vez que cada uno de nosotros tenga la convicción de que puede cambiar las cosas sin necesidad de recurrir a dádivas o favores de los políticos de turno. Esa conciencia nacerá cuando nos demos cuenta que no somos un simple conglomerado que únicamente comparte el territorio nacional, sino una fuerza suprema que con las condiciones morales y educativas adecuadas puede cortar la brecha que existe entre los partidos y demás factores que se imponen en la realidad política de Venezuela.
Es en ese momento, donde los gobernantes de turno se darán cuenta que sus acciones llegarán hasta el comienzo de nuestra rebeldía; que la verdadera democracia no empieza por ellos sino con nosotros y que sus gobiernos serán el reflejo de lo que queremos como país y no lo que ellos deseen imponernos. De esa manera, conseguiremos el verdadero y sentido patriotismo que muchos pregonan pero que pocos ponen a valer.
 Lo antes expuesto es un simple sentir que tiene eco en infinidad de personas que creemos en la verdadera justicia, en la educación como factor fundamental de la base familiar; y sobre todo, en la llegada de una reconstrucción que no excluya a nadie por su ideología o pensar político, sino que por el contrario, afiance nuestro gentilicio ante los días tan difíciles que estamos atravesando.

viernes, 15 de marzo de 2013

Ha fallecido el Presidente... ¿Ahora qué?

Y el destino se expresó: la muerte –siempre victoriosa ante la vida- acabó con la figura férrea del Presidente de ésta nación. No sabemos bajo qué condiciones, pero lo único de lo que tenemos certeza es que sus familiares y verdaderos seguidores hoy lloran la partida de un ser que para bien o para mal, ha marcado un antes y un después en la Historia de Venezuela.
No es la intención de éste humilde ser, ocuparse de juzgar lo que ha transcurrido a lo largo de estos 14 años. Será el mañana, será la Historia y sobre todo, será la conciencia de nuestra colectivo quienes se encargarán de colocarlo en su justo y real sitio dentro de esa línea que hoy llamamos República Bolivariana de Venezuela.
Lo que se intenta con éste artículo es expresar el sentir de mucha gente que ve como nuevamente nos dirigimos a un evento electoral en el cual nuestra decisión a la hora de ir a las urnas, nos dará un gobierno que representará nuestra idiosincrasia, nuestra idea de lo que deseamos como país; y por supuesto, nuestra conciencia y vergüenza como venezolanos. Ese expresar viene porque el futuro de Venezuela de nuevo está en juego para unos y para otros.
Ante nuestros ojos se nos presentan caminos disímiles pero que en teoría buscan el mismo objetivo: el bienestar de nuestro pueblo –o al menos, eso es lo que nos presentarán durante la campaña electoral-. Independientemente del pensar e ideología que pueda tener usted al momento de leer éstas líneas, creo que todos coincidimos en que desde hace mucho tiempo debimos tener un país grande y mínimamente en vías de un real desarrollo. Lamentablemente, nuestras diferencias han impedido que eso ocurra en la realidad, ya que vivimos en una sociedad donde desde los más altos cargos de la política hasta en los integrantes de nuestras familias, el odio, el rencor y la afrenta es el pan de cada día.
La actual política en Venezuela le ha permitido a nuestra población ser un actor principal a la hora de conseguir los cambios que primordialmente necesitamos. Pero la realidad es que con el pasar del tiempo, nuestro fanatismo (tristemente hay que llamarlo de esa manera) en los líderes -tanto del actual gobierno como de oposición- nos ha cegado e impedido alzar nuestra voz como la Historia nos lo exige. Unos por ser leales a un proceso en el cual creen pero que evidentemente es vertical por completo; los otros en un concierto de nuevos ideales que no termina de cristalizarse en los niveles más afligidos de nuestro colectivo.
Si lo que deseamos es obtener una Venezuela con normas y leyes que nos conduzcan a una reconstrucción de la sociedad, es imperativo una genuina unión y conciencia política de lo que anhelamos como país. Para ello, es necesario trabajar todos juntos y con todo el material político y humano que está presente de forma directa en nuestras regiones. Ya es hora de que los venezolanos honrados y verdaderamente patriotas, tomen en sus manos (a través del voto en el corto plazo) las riendas que eliminen la confusión y los miedos -que siempre aprovechan los oportunos- para llegar a esa anhelada igualdad social, a esa soñada justicia social y a ese real camino que nos conduzca al reencuentro nacional.
¿Qué esperamos? ¿Cuál es la vacilación? Quitémonos las vendas ante las promesas engañosas que nos puedan hacer en estos momentos críticos. Exijamos hechos concretos. Desaparezcamos de una vez por todas, el salvajismo que nos está consumiendo. No se trata de Cuba, no se trata del imperio; se trata de nosotros y de nuestra vergüenza y dignidad.